Dentro
del Sacro Monte la imagen del verde se transforma
y se adapta a las modifi caciones de los mensajes
religiosos que hay que transmitir y, así, se encuentran
situaciones muy diferentes entre sí, casi como
si cada ejemplo fuera un caso aparte.
En los modelos de paisaje más simple, Belmonte,
Domodossola, Crea y Ghiffa, el elemento vegetal
se agrega al recorrido devocional, dejando en
manos de la naturaleza el papel de integrar las
arquitecturas con el ambiente circundante. En
Crea el bosque que rodea todas las capillas tiene
también una particular importancia botánica; está
formado por un antiquísimo resto de vegetación
natural, hoy casi desaparecida en toda la zona,
a causa de la secular transformación del paisaje
para el cultivo de la vid. Las vertientes boscosas
de estos Sacromontes, aunque son ambientes naturales,
saben ofrecer también al peregrino de hoy un efecto
paisajista importante, además de una cierta emoción
para íntimos momentos de refl exión. Con la contraposición
entre el Norte y el Sur, entre la sombra y la
luz de sus laderas, éstos componen unas situaciones
ambientales particulares, llenas de matices y
de claroscuros que reconducen simbólicamente al
signifi cado original de los complejos eremíticos.
En el Sacro Monte de Varese, las formas construidas
prevalecen netamente respecto a las zonas verdes
que son muy limitadas dentro del complejo, en
el que el recorrido absorbe, con el énfasis monumental
de su dimensión, todo el espacio sagrado, permitiendo
casi en todos lados la visión exterior del bosque
y el lago próximos.
También en Ossucccio el recorrido de las capillas
tiene un espacio preponderante en el diseño global
de la vegetación, que manifi esta completamente
su carácter rústico con los muros de piedra seca
que forman terrazas que se asoman al lago de Como
y que antes estaban cultivadas con olivos y viñedos.
Las condiciones medioambientales de la alta zona
montañosa, en donde fue edifi cado el Sacro Monte
de Oropa, impidieron la modifi cación de los lugares
y de la vegetación local que se alterna, con bosques
formados por majestuosos ejemplares de hayas y
abetos, a las superfi cies herbosas de los pastos.
La simple quinta de coníferas que separan visualmente
el Sacro Monte del Santuario adyacente fue la
única concesión a un proyecto ambiental que, en
cambio, en otros lugares ha alcanzado unos niveles
a veces muy sofisticados.
En algunos Sacromontes, Varallo y Orta sobre todo,
las formas asumidas por la estructura botánica,
están dirigidas a sostener un proyecto paisajista
que parece pedir también al elemento vegetal,
así como al recorrido, a la arquitectura, a las
pinturas y a las estatuas, que contribuya a la
narración del tema religioso propuesto dentro
de las capillas. Los setos, los parterres, las
alineaciones de árboles estratégicamente separados
guían al peregrino a lo largo del recorrido sagrado
y acompañan su mirada hacia la meta, casi como
para no permitirle distracciones profanas sobre
el paisaje circundante.
En
Varallo, la ciudad ideal de Alessi,
el diseño de la vegetación alcanza unos niveles
de complicación parecidos a los que se pueden
encontrar en las plazas y en las calles urbanas,
mientras que el Sacro Monte franciscano en Orta
asume las formas de un jardín compuesto por setos
y grandes árboles como contrapunto, que establecen
una relación espacial con las capillas favoreciendo
el elemento natural, como para sostener los temas
de la predicación del Santo que veía la inconmensurable
belleza divina también en la naturaleza.
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