Como
ya se destacó anteriormente, en el ambiente franciscano
y en particular de los Observantes Menores, es
donde toma forma y más adelante se alimenta el
fenómeno de los Sacromontes. Nacido a fi nales
del siglo XV como Nueva Jerusalén,
se hace concreto con la construcción de los diferentes
complejos devocionales lo que algunos historiadores
consideran la actuación de un amplio diseño, consciente
y concreto, de sacralización de la montaña. El
monte es sagrado y lo sagrado tiene como escenario
de privilegio el monte. Sin compartir
completamente la posición que atribuye el resultado
a la combinación de los dictados tridentinos de
la Contrarreforma con la acción pastoral y planifi
cadora de los cardenales Borromeo, sin embargo
hay que notar que la cantidad de documentación
presentada a lo largo de los siglos sobre la construcción
de los Sacromontes es tan amplia que no encuentra
su justifi cación simplemente en el deseo o en
la intuición de uno solo y en la sucesiva emulación
de los demás. Sin lugar a dudas, todo lo que se
realizó, desde el punto de vista del paisaje,
del arte y de la devoción, representa un acontecimiento
de importancia histórica que hay que interpretar
en su globalidad y que no se debe ver como una
simple sucesión de obras independientes, limitadas
localmente y para uso popular.
Cada Fabbriceria, así se llamaba
el organismo que presidía la construcción, conserva
en su propio archivo cartas, ruegos, contratos
de obra, recibos de pago, decretos de las autoridades
religiosas y civiles, planos, estampas, libros
y guías de devoción. La documentación demuestra
que la idea, el proyecto y la ejecución de cada
complejo devocional estuvieron regulados por normas
concretas, que denotan la existencia de una práctica
común en todos los casos examinados: la presencia
de una dirección general y, en cualquier caso,
un control superior ejercido a veces sólo localmente,
pero con rigor y atención.
Las imágenes iconográfi cas que acompa ñan esta
sección de la exposición, más que sobre el valor
histórico-artístico, quieren llamar la atención
sobre el aspecto social, religioso y sobre todo
testimonial que han signifi cado las diferentes
representaciones históricas. En general se trata
de ilustraciones vistas desde arriba, incluidas
en los libros de devoción, que representan todo
el complejo ya edifi cado según las intenciones
del proyecto. En el caso del Sacro Monte de Varallo
Sesia - que sufrió las mayores transformaciones:
desde Nueva Jerusalén a Sacro Monte y éste último
según varios planteamientos representativos y
de recorrido - las ilustraciones son muchas. Las
vistas presentadas documentan claramente y en
orden cronológico los cambios, los añadidos y
las remodelaciones que tuvieron lugar en el complejo
en base a los cambios de objetivos en el programa
y que, en general, estaban caracterizados por
concretas fi nalidades divulgativas, más útiles
y menos estéticas. En cambio, no sucede lo mismo
con los Sacromontes no transformados, en donde
fundamentalmente es la misma ilustración completa,
aunque rediseñada, que - como documento programático
defi nido - acompañará, a lo largo de su realización
e incluso más allá, el proyecto que se convierte
en realidad, como, por ejemplo, es el caso del
Sacro Monte de Varese.
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