Los pintores y los escultores que se aventuraron
en el arte de amaestrar al peregrino con la representación
en las capillas de escenas que narraban episodios
sagrados, si bien infl uenciados por las reglas
impartidas por las autoridades religiosas, supieron
manifestar su genialidad artística también reproduciendo
la realidad cultural y tradicional de los lugares.
Ellos reproducían, en los personajes, en los lugares
y en los objetos, una realidad completa que estimulaba
de modo inmediato la fantasía de quien la contemplaba,
justo porque se proponía en continuo movimiento
entre los aspectos imaginados e idealizados de
los lugares lejanos en donde tuvo lugar la acción
histórica y los aspectos más reconocibles del
ambiente doméstico contemporáneo.
En aquella época, la mezcla de los dos aspectos
era, sin lugar a dudas, un medio expresivo efi
caz para transformar en ejemplos didácticos los
episodios acontecidos en lugares lejanísimos,
pero también un modo para atraer emotivamente
al peregrino que, reconociendo su propio ambiente
cotidiano, se sentía también él actor de la escena
representada.
Hoy, las estatuas, las ropas y las pelucas que
las cubren, el mobiliario, los animales y los
objetos usados por los personajes representados
en las capillas de los Sacromontes, son para nosotros
unos documentos extraordinarios de esa realidad
histórica. Y efectivamente, aunque con un planteamiento
escenográfi co diferente o con el diverso uso
de técnicas y materiales adoptados por los artistas,
las modas de las ropas, de los calzados y de los
accesorios que cubren las estatuas, a menudo son
fi eles reproducciones de las modas de vestir
típicas del siglo XVII.
Rostros,
actitudes, expresiones, gestos e incluso síntomas
de enfermedades son una especie de imagen verdadera
de las características humanas de las poblaciones
locales, ya que se recurría a dichas poblaciones
para que actuaran como modelos para los artistas
que trabajaban en los Sacromontes. De la misma manera,
vajillas, arreos ecuestres, aparejos de los ofi
cios, instrumentos musicales, armas y adornos varios
de lo más variado nos permiten abrir una ventana
de observación curiosa sobre las costumbres y las
condiciones de vida de aquella época.
Si estas representaciones de la realidad en las
escenas de interior favorecían intensamente el proceso
psicológico de identifi cación personal del hombre
de aquella época, para el observador de hoy, todos
los detalles salidos de las paletas de los pintores
y de los escultores, son a veces raros documentos
de la evolución de la técnica y claves de lectura
efi caces para conocer los usos y las costumbres
de aquellos a los que estaba dirigido el mensaje
religioso.
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