A mediados del siglo XVI, la Nueva
Jerusalén de Varallo se convierte en modelo
para la realización arquitectónica y urbanística
de los Sacromontes. Tras la primera fase constructiva,
las obras se reanudaron con renovado impulso alrededor
de 1560, promovidas por la familia d'Adda, nobles
milaneses de origen valsesiana, que solicitaron
los servicios del arquitecto de Perusa Galeazzo
Alessi, famoso exponente del Renacimiento italiano
que había trabajado ya en Roma, Génova y Milán.
Alessi, que ilustró su proyecto en el Libro
de los Misterios, propuso un verdadero
plan urbanístico, organizado con edifi cios y
recorridos bien defi nidos, con el objetivo de
realizar un itinerario didáctico-religioso dedicado
a la narración de la Vida de Jesús según un criterio
cronológico que reemplaza el criterio topográfi
co y evocativo de los Lugares Santos de Palestina,
deseado por Caimi.
De ese gran proyecto sólo se realizó el arco de
entrada, la primera capilla y parte de los trazados
de las plazas, puesto que San Carlos Borromeo,
entonces Obispo de Milán, se opuso a la propuesta
de Alessi por su monumentalidad. Ya que consideró
que había modifi cado profundamente el espíritu,
simple y franciscano, que originariamente habían
dado Caimi y por Gaudenzio Ferrari.
Para los otros Sacromontes que se estaban edifi
cando, Borromeo introdujo, por primera vez, algunas
reglas constructivas, de modo que en los proyectos
de los mismos, debían plantear correctamente la
didáctica religiosa.
Sin embargo, aunque se realizó sólo en parte,
el proyecto de Alessi produjo un efecto emulador
también en los otros Sacromontes que adoptarán
para las nuevas capillas proyectos caracterizados
por un estilo arquitectónico más evolucionado.
Todos los Sacromontes creados a partir de 1590
se construirán según un diseño, o un proyecto
ordenado, dictado por un programa arquitectónico
ideal, pero éste quedará siempre sometido, como
deseaba Borromeo, a la particular atención hacia
los ejemplos de la didáctica religiosa.
Las capillas, no serán sólo contendores arquitectónicos
de las escenas, construidos según el uso constructivo
local por simples capataces, sino que asumirán
también unas características arquitectónicas y
escenográfi cas particulares que, si bien diferentes
de lugar a lugar, atenderán tanto a las reglas
dictadas por artistas y arquitectos, como a las
reglas impartidas por las respectivas Diócesis.
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