Entre
fi nales del siglo XVI y la primera mitad del
siglo XVII, la contemporánea (mejor eliminar esta
palabra) construcción de los Sacromontes, con
las numerosas capillas y las escenas plástico-pictóricas
contenidas en las mismas, contribuyó a formar
artesanos especializados y talleres de artistas
que, según las ocasiones, se desplazaban incluso
de una localidad a otra.
En aquella época, el taller de un maestro era,
para un joven artista, un ambiente que tenía que
frecuentar obligatoriamente para poderse afi rmar
en el campo de la pintura o de la arquitectura,
mientras que para los clientes era un medio casi
obligatorio para encargar la realización, en breve
tiempo, de obras complejas, ya que, entre obras
de construcción, techos, frescos y estatuas, había
que emplear numerosos artesanos y éstos tenían
que estar bien coordinados entre sí para reducir
el tiempo de ejecución ya de por sí muy largo.
El mismo Gaudenzio Ferrari, desde los primeros
trabajos en el Sacro Monte de Varallo, había formado
una escuela propia en donde tuvieron la posibilidad
de crecer otros importantes artistas, entre ellos:
Fermo Stella, Antonio Zanetti, Giulio Cesare Luini
y el hijo Girolamo, también pintor. El maestro
realizaba las partes más expresivas, las manos,
los rostros, además de los frescos de los fondos
más visibles y dejaba a los alumnos que completaran
la obra para pasar prontamente a otra escena,
y en lugares diferentes.
Fue así que entre quinientas y seiscientas familias
de pintores y escultores, entre ellos muchos como
capataces, se ocupaban también de la construcción
de las capillas, prestaron su obra para realizar
en concreto estos grandes teatros montanos.
Entre las más importantes que formaron los talleres
de arte entre los siglos XVI y XVII estuvieron
los fl amencos Tabacchetti, Jean y Nicolas Wespin,
el primero de los cuales trabajó primero en Varallo
y con el hermano después en Crea y los valsesianos
d’Enrico, Giovanni, Melchiorre y Antonio llamado
el Tanzio, que trabajaron, solos o en grupo, en
Varallo, en Orta, en Crea y también en Oropa.
En el siglo XVII, los ticineses Silva, del padre
Francesco al hijo Agostino y al nieto Gianfranco,
trabajaron en Varese y en Ossuccio, mientras que
los hermanos della Rovere, Giovanni Battista y
Giovanni Mauro, llamados los Flamenquinos, pintores
de Borgovico cerca de Como, lo hicieron en Crea
y en Orta, en donde trabajaron también los lombardos
Nuvolone, Carlo Francesco y Giuseppe, que lo hicieron
en pareja también en Varese.

Asimismo los Recchi, Giovanni Battista y Giovanni
Paolo que fueron alumnos del Morazzone, trabajaron
juntos en Varese y en Ossuccio, y los milaneses
Bussola, Dionigi y Ottavio, ambos escultores,
trabajaron bajo forma de taller, el primero en
Varallo y después juntos en Orta, en Varese y
en Domodossola.
Además de estos artistas, se podrían señalar muchos
otros, tal vez centenares, que trabajaron desde
los tiempos de la fundación hasta los primeros
años del siglo XVIII. Cada uno de ellos fue portador,
de un lugar a otro, de ideas y de técnicas a veces
innovadoras y también de modelos y tipologías
que contribuyeron a hacer de los Sacromontes un
complejo y maravilloso sistema orgánico de obras
de arte.
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